El 29 de setembre va morir la Germana Felicitas. Havia estat últimament 3 cursos a l’escola d’Horta, amb nosaltres, duent a terme molts projectes solidaris.

Ester Romero de la Fundació Ajudant a ajudar, és periodista i col·labora en diferents projectes de la nostra O.N.G.d Red Azul. L’Ester ha fet  un escrit en homenatge a la Germana que volem compartir amb vosaltres:

 

VISITA DE LA HERMANA FELICITAS CEMBRANOS, 11.07.17


Después de más de 43 años de misión en África, 17 de los cuales dedicados a la acogida y acompañamiento de niñas y jóvenes de la calle en el centro V.T.A. que ella misma fundó en Kinshasa (Rep. D. Congo), la Hna. Felicitas Cembranos ha regresado a España.


“Para mí, todo es misión. África fue el sueño, el proyecto que yo deseaba llevar a cabo hecho realidad. No olvido el pasado, pero me gusta vivir el presente. Y ahora, mi trabajo con inmigrantes en Campohermoso (Almería), es una continuación de la misión”.


Así siente una mujer para quien, todo lo que es humano, tiene una gran importancia. Como persona y religiosa, la misión –dice- no es otra cosa que darse a los demás, amar. “Cuando rezo, pido tener las mismas actitudes de Jesús a lo largo del día, en mi trabajo. Porque trato con personas y lo humano es frágil y divino a la vez”.


A lo largo de su vida, la Hna. Felicitas siempre ha tenido muy clara una cosa: el valor de la responsabilidad. “Es preciso llevarla en el corazón, es una manera de ser. Yo la encuentro y la vivo en todo aquello que hago. Toda acción es para dar vida: mirar, escuchar, dar un beso, una caricia... Descubro que la atención que tengo hacia el prójimo me está cambiando y veo lo importante que es cuidar los sentimientos, ¡lo que siento y lo que el otro siente!”


Pronto se cumplirán 3 años de su llegada a Campohermoso (Almería), a la comunidad que tienen las religiosas de la Inmaculada Concepción de Castres, a la que pertenece la Hna. Felicitas. Junto con otras dos congregaciones religiosas, colaboran con Caritas en la atención a personas inmigrantes. “La mayoría son marroquís y subsaharianos, pero también los hay de Europa del Este, lituanos, rumanos... Nuestra labor es acogerlos, escucharles, atenderles, ofrecerles ropa, alimentos y clases de español para una mejor inserción en la sociedad. Y también hacemos acompañamientos personales”.


A través de este trabajo con inmigrantes ha descubierto qué fácilmente captan y entienden, ellos, la mayoría hombres y mujeres musulmanes, lo esencial del ser cristiano: darse y amar a los demás, a quienquiera que sea, a todos. “Esto me llena de satisfacción y al mismo tiempo me interpela”.
“Nosotras estamos para atender a los pobres, pero también para hacer pensar a los organismos, para ayudar a cambiar el sistema. Cuando todo lo que haces y dices no es para conseguir algo para ti sino para los demás, tienes una gran libertad, no tienes miedo y hablas con quien haga falta, por ejemplo, con los responsables de los estamentos políticos o de instituciones internacionales para cuestionarles cómo hacen las cosas”. Fue en África donde aprendió esta manera de actuar y que no ha abandonado en su quehacer.


Además de estas reflexiones sobre el trabajo que lleva a cabo, nos ha regalado otros pensamientos, por ejemplo, sobre la vejez. “Yo ya me voy haciendo mayor, tengo 72 años. Y como decía una compañera religiosa ya anciana, nos tenemos que cuidar porque hay que durar para la misión”.
“Cada etapa de la vida –añade- tiene su riqueza y su aprendizaje. Y veo que la vejez no es otra cosa que aprender a estar, aprender a actuar de otra manera, aprender desde la humildad a no hacer después de tantos años de hacer, de trabajar y de donación a los demás. Aunque sí que se pueden hacer cosas, pero otras, diferentes: vivir de la experiencia, contemplar, aconsejar...”